La democracia se sostiene sobre pilares como el respeto a las libertades básicas, en especial la libertad de expresión. Cualquier acto de censura o intento de “amordazar” voces críticas compromete el desarrollo democrático de México.
En las últimas semanas hemos visto con alarma varios ataques contra periodistas por parte de autoridades emanadas del partido en el poder, Morena; en el municipio de Tequila, Jalisco; y en los estados de Puebla y Campeche.
En Tequila, Jalisco; un camarógrafo fue detenido arbitrariamente por la policía municipal de Tequila mientras realizaba su labor informativa en la vía pública; en Puebla, el gobierno estatal aprobó recientemente una reforma legal criticada por comunicadores como un golpe a la libertad de expresión. En Campeche, el caso es aún más alarmante. La gobernadora morenista emprendió acciones legales contra del exdirector de un diario local, por supuestas calumnias e “incitación al odio” en su contra.
Estos tres casos –en Jalisco, Puebla y Campeche– tienen un común denominador preocupante: la intolerancia del poder hacia la crítica, encarnada en gobiernos locales encabezados por Morena.
Cuando desde el gobierno se ataca, acosa o silencia a la prensa, se erosiona el principal contrapeso que tiene la sociedad frente a los abusos.
La libertad de expresión es la columna vertebral de la democracia porque permite denunciar corrupción, visibilizar injusticias y exigir cuentas a quienes nos gobiernan. Censurar periodistas es debilitar a México. No podemos normalizar que se use la fuerza pública, las leyes o los tribunales para callar a quienes piensan distinto o investigan al poder.
Desde Acción Nacional en el Congreso de la Unión hemos dado la batalla incansablemente para defender las libertades fundamentales de las personas, incluyendo el derecho a expresarse libremente. Cada iniciativa que huele a censura o concentración autoritaria del poder comunicativo nos ha tenido al frente, alzando la voz en tribuna y votando en contra de leyes mordaza. Sabemos que sin libertad de prensa no hay democracia plena. Por ello, seguiremos exigiendo que se respeten estas libertades en todo momento y en todo rincón del país.
Defender la libertad de expresión no es solo una causa de los periodistas o de un partido; es una causa de toda la sociedad. Solo protegiendo este derecho podremos garantizar un México verdaderamente democrático, donde las ideas circulen libres y el gobierno esté siempre sujeto al escrutinio ciudadano. En conclusión, la defensa de la democracia empieza por defender la voz de la gente. Callar a la prensa es callar al pueblo. No permitamos retrocesos: un México sin libertad de expresión sería un México sin democracia. Mantengamos viva esa voz libre, porque en ella se encuentra la fuerza y el futuro de nuestra nación.
