En los próximos días, el Congreso de la Unión discutirá una nueva Ley Federal de Radio y Televisión, y su debate que debe ser asumido con absoluta seriedad y sentido de responsabilidad, ya que en su discusión está en juego algo fundamental: las libertades individuales y la democratización del contenido informativo al que acceden las familias en México.
Como muchas personas en México, estoy convencido que la nueva Ley de Radio y Televisión, debe servir para fortalecer la democracia en México y no para debilitarla. Debe ser un instrumento que garantice la libre expresión de las ideas, nunca un mecanismo de control sobre lo que vemos y escuchamos.
La libertad de expresión y el derecho a la información son pilares de nuestra vida pública. Cualquier regulación de los medios de comunicación debe partir de respetar esos principios; es por eso que, desde la más alta tribuna de México, debemos asegurar que ninguna parte del nuevo marco legal abra la puerta a la censura indirecta ni a la concentración de la voz pública.
Me preocupa particularmente cualquier intento de recentralizar el control sobre la radio y la televisión. La independencia de los medios no debe verse comprometida por la creación de entes con facultades discrecionales. No podemos permitir que una agencia digital o autoridad gubernamental tenga poder para retirar concesiones de radiodifusión bajo el ambiguo argumento del “interés público”.
Dar tal poder a una instancia central significa retroceder décadas en materia de pluralidad mediática. Por el contrario, necesitamos una ley que desconcentre la información, que promueva la competencia y la diversidad de voces, y que brinde certidumbre tanto a medios públicos como privados en su labor informativa. La democratización del contenido informativo implica que todas las familias mexicanas puedan acceder a una variedad de fuentes y perspectivas. Debemos garantizar los derechos de las audiencias, de manera que puedan elegir con plena libertad qué canal ver o qué estación de radio escuchar: sin imposiciones ideológicas ni políticas, y sin usos políticos de la información pública.
En suma, la ley que surja de este debate debe garantizar una sociedad más democrática. Debe ser un auténtico instrumento al servicio de la libre expresión de las ideas y del intercambio abierto de información.
Desde Acción Nacional, reafirmo mi compromiso de trabajar incansablemente por el bienestar de las familias mexicanas, comenzando por las de mi querida Guadalajara. Impulsaremos una Ley de Radio y Televisión que esté a la altura de una nación plural y libre. Creemos firmemente que solo así nuestras familias podrán vivir en un país más informado, más participativo y más democrático.
